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Uno de los rasgos más distintivos de las fiestas de verano en Cataluña es su identidad gráfica: carteles, ilustraciones y propuestas visuales que cada año contribuyen a visibilizarlas y a dotarlas de una personalidad propia.
Este año, dos de las celebraciones más destacadas de Barcelona incorporan el talento de la comunidad BAU en su imagen: la Festa Major de Gràcia y la Diada Nacional de Catalunya.
El alumni del Grado en Diseño Gráfico de BAU Pol Lupiáñez, conocido artísticamente como Kota, es el autor del cartel de la Festa Major de Gràcia 2026. Su propuesta resultó ganadora de la 33.ª edición del concurso organizado por el distrito, entre un total de 266 propuestas.
La pieza parte de uno de los elementos más característicos de esta celebración: la calle como espacio de encuentro. El barrio, la comunidad y la celebración compartida constituyen el eje central de una propuesta que recupera el espíritu de salir a la calle para bailar, encontrarse y celebrar junto a los vecinos.
Para reforzar este carácter popular y artesanal, Kota ha trabajado exclusivamente con tinta china, una elección que reivindica el gesto manual y la dimensión más humana de la ilustración desde una mirada gráfica contemporánea.
Por su parte, Javier Jaén, docente del Máster en Ilustración Creativa de BAU y una figura reconocida dentro del mundo de la cartelería, firma la imagen de la Diada Nacional de Catalunya de este año.
Jaén ha creado una propuesta protagonizada por huellas dactilares rojas sobre un fondo amarillo, una composición que remite inmediatamente a los colores de la Senyera. Pero, más allá de la referencia cromática, la huella y la marca que dejan las manos conectan también con los orígenes de la humanidad y con las cuevas prehistóricas, donde dejar un rastro podía convertirse en una forma de reivindicar la propia existencia y dejar constancia de que estamos aquí.
Esta misma idea se traslada a la Diada, entendida como un momento en el que la identidad catalana se manifiesta de forma colectiva, como un proyecto en constante construcción. La multitud de huellas simboliza así la suma de las diferentes identidades que conviven en un mismo espacio.
Estas dos propuestas, concebidas desde puntos de partida muy diferentes, comparten una misma idea: la gráfica puede convertirse en un reflejo de la comunidad. Dos aproximaciones visuales que demuestran cómo el diseño puede comunicar realidades plurales y, al mismo tiempo, recordarnos aquello que compartimos.
En ambos casos, el gesto individual se transforma en una imagen colectiva: ya sea a través de la experiencia de vivir y celebrar el barrio, o mediante la suma de huellas que construyen una identidad compartida.