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Una obra de precisión técnica y sensibilidad histórica que devuelve al edificio su esplendor original, más de un siglo después de abrir sus puertas por primera vez.
Algunos edificios no se rehabilitan. Se restauran. The Palace, a Luxury Collection Hotel, Madrid es uno de ellos. Inaugurado en 1912 como uno de los hoteles más modernos y amplios de Europa, el edificio ha pasado más de un siglo como testigo privilegiado de la historia de la ciudad. En 2025, tras dos años de una intervención integral liderada por Ruiz Larrea Arquitectura con el diseño de interiores de Lázaro Rosa-Violán, el hotel recupera su máxima luminosidad. Artec Studio se encargó del diseño de iluminación de todo el proyecto.
El encargo fue claro desde el principio: servir al edificio sin imponerse a él. Una estructura catalogada como Monumento de Interés Cultural exige que cada decisión esté justificada, que nada se imponga y nada se pierda. La iluminación, en este contexto, no es decoración. Es el instrumento que hace legible la arquitectura a cualquier hora del día.
El primer reto fue el más visible: devolver la vida a más de 8.000 metros cuadrados de fachada histórica. Las luminarias originales se recuperaron y se adaptaron para funcionar con tecnología actual, preservando su carácter histórico y cumpliendo a la vez con los requisitos de rendimiento contemporáneos. La fachada recupera ahora su color beige cálido original, con detalles ornamentales de terracota y guirnaldas florales restauradas que se aprecian a través de una iluminación que realza el relieve y la volumetría, en lugar de limitarse a inundar la superficie de brillo.
En los espacios interiores, la estrategia se basó en una única decisión conceptual: la iluminación arquitectónica no debía ser la protagonista. El papel principal pertenece a las piezas decorativas seleccionadas por Lázaro Rosa-Violán, lámparas de época y de mediados de siglo que albergan la identidad emocional de cada estancia. Artec Studio trabajó para que estas luminarias funcionaran correctamente, definiendo sus niveles de potencia, calibrando la calidad de la luz que emiten y creando las condiciones para que se interpretaran exactamente como se había previsto.
La capa arquitectónica sostiene; no compite. Sobre este fondo decorativo, la iluminación empotrada se desarrolló como soporte estructural. Los foseados perimetrales aportan uniformidad donde es necesario. Los puntos de acento enfatizan pinturas y materiales nobles: mármoles, maderas lacadas, papeles pintados a mano. Las integraciones lineales en la carpintería y la arquitectura garantizan el cumplimiento de la normativa sin interrumpir la narrativa visual del espacio. En las zonas de circulación y los pasillos, discretos focos empotrados y tiras de luz indirecta unifican sin llamar la atención, permitiendo que la mirada del huésped viaje libremente por alfombras ilustradas, papeles pintados inspirados en el Parque del Retiro y mosaicos en las duchas que representan vistas aéreas del Real Jardín Botánico.
El resultado es un hotel que se experimenta a través de sus objetos. Una lámpara en un rincón. Un foseado que abraza una boiserie. El cálido resplandor que emerge tras una pared panelada. La tecnología está plenamente presente. Sencillamente, no se anuncia.