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La artista visual Cinta Vidal firma este año el cartel de las fiestas de la Mercè de Barcelona con una imagen de inquietantes arquitecturas imposibles. Su particular manera de entender el espacio, la perspectiva y la gravedad desarrollada a lo largo de una trayectoria internacional, encuentra ahora una nueva dimensión en el cartel de la Mercè, una obra que comparte sensibilidad con la pieza que ya ilustró nuestro mapa #23 de Poblenou Urban District.
Hong Kong, Los Ángeles, San Francisco, Melbourne, París, Honolulu, Londres… y, por supuesto, Barcelona. La obra de Vidal ha viajado por galerías, museos, ferias y espacios públicos de todo el mundo, tanto en su faceta expositiva como en la de muralista.
Este recorrido internacional tiene su origen en un lenguaje artístico muy personal que comenzó a desarrollar con tan solo 16 años, cuando comenzó a trabajar en el Taller de Escenografía Castells i Planas, en Santa Agnès de Malanyanes. Allí aprendió las técnicas de pintura a gran escala y el oficio de pintar telones para teatro y escenografías, una experiencia que marcaría profundamente su manera de representar los espacios. Más tarde se formó en Ilustración en la Escuela Massana de Barcelona y, en 2015, presentó su primera exposición individual. Desde entonces, ha desarrollado una trayectoria que combina pintura, ilustración y muralismo, siempre con una especial atención a la arquitectura y a las posibilidades expresivas del espacio.
En la obra de Vidal, la arquitectura cobra vida a través de espacios fragmentados y perspectivas alteradas; una visión mediante la cual la artista explora las distintas formas en las que podemos habitar y percibir un mismo lugar.
Esa mirada tan singular ya estaba presente en White landscape 3, la obra que Vidal seleccionó para la portada del mapa #23 de Poblenou Urban District. La pieza, perteneciente a On white, una exposición presentada en Hong Kong en 2018, explora espacios arquitectónicos configurados a partir de volúmenes blancos. En ella, las estructuras aparecen meticulosamente ordenadas, evocando las calles y edificios de una ciudad, mientras las personas las recorren libremente, desafiando las leyes de la gravedad con una cierta ligera y relajada.
En este universo visual confluyen algunas de sus grandes referencias: Caravaggio y Vermeer, por su dominio de la luz; M. C. Escher, por sus perspectivas imposibles e ilusiones ópticas; Edward Hopper, por sus personajes inmersos en el entorno; y las atmósferas de los universos de Hayao Miyazaki y Studio Ghibli.
A partir de estas influencias, Vidal construye un lenguaje propio en el que las paredes, el techo y el suelo pierden su jerarquía y los personajes pueden desplazarse entre distintos planos con absoluta naturalidad. Una investigación formal sobre el espacio que comenzó en los escenarios teatrales, pasó por la ilustración, la pintura y el muralismo, y que ahora se encuentra con Barcelona en plena celebración.
La Mercè se convierte así en su nuevo escenario donde articular su personal forma de mirar las ciudadades; como un espacio compartido, pero nunca visto desde una única perspectiva.